miércoles, 17 de junio de 2009

La noche que la estrella no brilló



Con ansias de la muerte como compañera, te escribo esta carta vacía. Llena de sentimiento descorazonado, llena de palabras incoherentes que reflejan mis acciones porque desde que no estás aquí perdí el control, perdí la dirección, me haces falta… yo brillo para ti pero sin ti no vale la pena seguirlo haciendo… Te escribo desde mi conciencia maldita, destrozada por mi pasado, arrasada por tus palabras. Te quiero sin saber si quiero, te sigo cuesta abajo en este camino ya millón veces recorrido, con mi corazón parchado. Con orgullo del príncipe de la tierra de los desterrados digo que me quisiste y aunque al final no lo dijiste lo supe y por eso te grite por eso te llamé por eso creí en tantas cosas, soñé tantas cosas, Dios sabe que lloré… Solo entre tanta gente, a dos pasos y sin poder tocarte, maldita raza que me llenó de furia y la musa que no inspiró esa noche sino la tragedia que me voló los sesos. ¿Para qué recordar? ¿Hay esperanza? Camino sin saber que morí, y queda en mis manos un par de caricias que tenía para ti y en mis labios el sabor del veneno de los besos que la dama negra preparó para mí. Queda en mí el amor que siento, en el inconsciente lo guardo, en las nubes te dejo, cerquita del cielo y aunque ya no esté aquí, allí estaré mañana escuchando cuando quieras hablar…